Ibiza, un consuelo laboral para desempleados en medio de sol, juerga y playa

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Fuente: AFP

SANT ANTONI DE PORTMANY, España.- Con las caras tostadas por el sol, miles de británicos comparten cerveza y ron mientras su estrella nacional Elton John sube al escenario del evento musical del verano en Sant Antoni, en el norte de la festiva Ibiza, ahora también objetivo de desempleados.

Junto a los turistas alemanes, franceses o italianos para los que Ibiza es la marca española más conocida, en esta isla mediterránea en la que los locales de fiesta se llenan por la noche y las playas por el día, aumenta el número de españoles que buscan en el archipiélago de las Baleares un empleo en el sector turístico, uno de los pocos motores que aún mueven la economía.

Es el caso de Bryce, un ingeniero español de 26 años que llegó a Ibiza en febrero desde la ciudad gallega de La Coruña (noroeste), tras perder su empleo.

Un amigo me dijo: ‘Vente a Ibiza, vas a encontrar un trabajo de camarero sin problema'”, cuenta en la terraza del bar en el que le contrataron para este verano, en Ibiza capital.

“Yo tuve mucha suerte. Tenemos currículos así”, explica subiendo su mano varios centímetros.

Empujados por una tasa de desempleo récord en España, de más del 24%, los recién llegados tienen que competir con habituales que, durante años, han financiado sus vacaciones de sol, playa y diversión con trabajos temporales.

“He estado aquí los últimos cuatro años, y este es mucho más difícil encontrar trabajo”, reconoce Kirstie Patterson, británica de 22 años. “Con lo mal que están las cosas aquí económicamente, hay el doble de personas buscando trabajo este año”, añade.

A pesar de la fuerza del sector turístico, la oferta de empleo no es suficiente para toda la demanda en un contexto de recesión.

“Los puestos de trabajo en el turismo más o menos se están manteniendo”, dice Roberto Hortensius, presidente de la federación de dueños de hoteles de Sant Antoni.

“A lo mejor piensan que hay más mercado aquí, pero ahora no existe”, añade su compañero Juanjo Planells, director de un hotel en la misma localidad. “Es espectacular. En una semana hemos recibido unos 500 currículos en nuestra empresa”.

En 2012 se están registrando menos llegadas de turistas que en 2011, un año en el que estas islas se beneficiaron del descenso de los viajes al norte de África por los conflictos durante la Primavera Árabe.

A los empresarios ibicencos les preocupan también otras consecuencias de la crisis, como un esperado aumento del IVA (impuestos indirectos) o los efectos nocivos de un mercado de alquiler desreglado, producto de las viviendas no vendidas durante el “boom” inmobiliario y que favorece la economía sumergida.

El gobierno balear aprobó una reforma que, sostiene, facilitará la diversificación y la mejora de los servicios del sector turístico; una norma bien acogida por los propietarios de hoteles pero criticada por otros trabajadores del sector, que consideran que amenaza los trabajos tradicionales.

“El gobierno lo único que está haciendo es ayudar a las empresas a ganar mucho dinero. No hace absolutamente nada para los trabajadores”, denuncia Antonio Copete, líder del sindicato UGT de la vecina isla de Mallorca.

Los sindicatos baleares, pendientes de las negociaciones, amenazan con una huelga el 20 julio a la que podrían sumarse hasta 100.000 trabajadores de los transportes, la limpieza o la restauración, entre otros.

En este marco de desempleo y recesión, el viejo deseo de las autoridades de diversificar el turismo en las islas Baleares para poder competir con otros destinos de sol y playa se hace más urgente.

“Es un sitio típico para vacaciones entre amigos. Es bastante barato comparado con otros sitios”, dice Jordan Bass, un londinense de 18 años que se encuentra en su primer día de una semana de vacaciones en Sant Antoni junto a otros cinco amigos.

“Estamos pensando sobre todo en la fiesta y la playa”, añade, a lo que otro amigo le recuerda: “No te olvides de las chicas”. “Vamos a beber hasta que nos caigamos”, apunta un tercero, Steven Magle, de 19 años.

Para Carmen Ferrer, consejera de turismo de Ibiza, la fama de la isla de “fiesta descontrolada” lleva a que, en ocasiones, “la gente a nivel familiar no venga a Ibiza. Hay un trabajo que hacer para dar a conocer que no es así”, reconoce.

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